La ciencia de la belleza: por qué alguien te parece guapo
Caras promedio, bebés que miran, gemelos con gustos distintos, el pavo real de Darwin y el efecto halo: lo que la ciencia sabe (y no) sobre la belleza.
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Abres Tinder. Aparece una cara y, a veces en menos de un segundo, decides si deslizas a un lado o al otro. En ambos casos sientes que sabes por qué. Pero podrías defender con total convicción una cara que acabas de rechazar.
En 2005, Petter Johansson y sus colaboradores pidieron a 120 personas que eligieran el rostro más atractivo de cada pareja de fotos. En algunos intentos, mediante un truco con las tarjetas, les entregaban la foto que no habían escogido y les pedían que explicaran su elección. Muchos no detectaron el cambio y, aun así, dieron razones para justificar por qué les gustaba aquella cara. Lo llamaron ceguera a la elección.
El experimento no se hizo en Tinder ni en una discoteca, pero el hallazgo es más incómodo que cualquier anécdota: puedes explicar una elección con seguridad aunque te hayan cambiado el resultado. Así que la pregunta de fondo es esta: ¿qué parte de la belleza está en una cara y qué parte llega contigo?
Una cara llega antes que sus razones
Una décima de segundo viendo una cara basta para formarte una primera impresión. Para conocer a la persona, evidentemente, no. Janine Willis y Alexander Todorov mostraron rostros durante cien milisegundos y pidieron juicios de atractivo y de rasgos como la confianza que inspiraban. Las respuestas se parecían mucho a las que se daban sin límite de tiempo. Con más tiempo, eso sí, aumentaba la seguridad en el juicio, aunque la cara no había aportado ninguna biografía nueva.
Eso demuestra lo rápido que elaboramos impresiones, no que acertemos.
La persona del espejo
Te haces una foto y te preguntas quién ha autorizado esa cara, mientras tu amigo insiste en que has salido bien. En un estudio de 1977, Theodore Mita y sus colegas compararon preferencias entre fotografías normales e invertidas. Las participantes tendían a preferir su imagen de espejo; sus personas cercanas, la contraria. La explicación propuesta era la familiaridad: tú te ves sobre todo en el espejo, los demás te ven sin esa inversión.
Además, una foto no es una ventana neutral. Si acercas mucho el móvil, la nariz queda proporcionalmente más cerca de la cámara y parece más grande. Brittany Ward y sus colaboradores describieron ese efecto con un modelo matemático publicado en 2018. Tu nariz no ha crecido mientras buscabas el botón de disparo.
El rostro que no existe
Si mezclas muchas caras, el resultado puede parecer más atractivo que la mayoría de las originales. Judith Langlois y Lori Roggman lo comprobaron en 1990 promediando matemáticamente rostros digitalizados: los compuestos resultaron muy atractivos. Y tampoco significa que la cara ideal sea la media exacta: trabajos posteriores, como el de David Perrett y sus colaboradores, encontraron preferencias por configuraciones que se apartaban de ella.
¿Por qué puede gustar? Una propuesta apunta a cómo aprendemos categorías. El sistema visual encuentra regularidades entre caras distintas, y lo cercano a un patrón aprendido resulta fácil de procesar. Esa fluidez puede contribuir al agrado. Es una explicación parcial, no una ecuación que resuelva todos los gustos.
Lo que un bebé mira
Quizá todo esto sea fruto de años de pantallas y revistas. Para explorarlo, los investigadores buscaron observadores que aún no hablan. A un bebé no puedes preguntarle por qué le interesa una foto (bueno, puedes, pero la revisión por pares va a ser complicada); sí puedes medir hacia dónde mira y cuánto tiempo. Los estudios del grupo de Langlois mostraron que los bebés prefieren las caras atractivas mucho antes de que la familia, los amigos o los medios puedan influirles. Y Adam Rubenstein, Lisa Kalakanis y Judith Langlois encontraron que bebés de seis meses podían extraer la tendencia central de un conjunto de caras y preferían las promediadas.
Eso hace difícil defender que todas las preferencias faciales necesitan años de publicidad. Pero tampoco demuestra que estén escritas en los genes: el bebé ha visto caras durante esos meses, y lo medido es atención visual, no una encuesta sobre belleza.
Dos personas, dos gustos
Tener un gemelo idéntico no significa que los dos encontréis guapas las mismas caras. Laura Germine y sus colaboradores estudiaron las preferencias faciales de gemelos idénticos y mellizos, y concluyeron que las diferencias individuales dependen sobre todo del entorno propio de cada persona, no de los genes.
El acuerdo también existe. En una investigación con 1.550 rostros de diez países, las caras menos distintivas, más cercanas a la forma promedio, tendían a recibir mejores valoraciones. Hay acuerdo y hay diferencias a la vez.
Mover el punto de comparación
Se puede cambiar qué caras te parecen atractivas sin tocarlas: basta, en ciertos experimentos, con cambiar las que has visto antes. Gillian Rhodes y sus colaboradores expusieron a participantes a rostros deformados de manera consistente, y lo que les parecía normal y atractivo se desplazó hacia esa distorsión. El sistema visual se había adaptado.
Eso no demuestra que un filtro te cambie el gusto para siempre, pero sí invita a preguntarte, ante un retrato idealizado, si comparas dos personas o una persona con una imagen retocada.
La cara que parece sana
Una explicación muy popular dice que la belleza es un detector ancestral de salud y buenos genes. Es una hipótesis razonable, pero hay que contrastarla con mediciones del cuerpo. En 2017, Yong Zhi Foo, Leigh Simmons y Gillian Rhodes compararon rasgos faciales con medidas de función inmunitaria, estrés oxidativo y calidad del semen: hubo algún vínculo concreto, pero en conjunto las relaciones fueron débiles. En 2022, Summer Mengelkoch y sus colaboradores sí encontraron relaciones entre atractivo e indicadores inmunitarios, complejas y a menudo distintas según el sexo. Y otro estudio de 2022, que midió los anticuerpos tras vacunar a hombres sanos, no encontró que los más atractivos respondieran mejor.
Ni siquiera la simetría sale indemne: en aquel estudio de 1.550 rostros, la simetría no tuvo una relación significativa con el atractivo. La belleza no es un diagnóstico médico instantáneo, y el riesgo es confundir la fuerza de una impresión con la calidad de la información.
El pavo real no firma certificados
El 3 de abril de 1860, Charles Darwin escribió a Asa Gray que ver una pluma de la cola de un pavo real le ponía enfermo. ¿Cómo explicar un adorno tan exagerado? La respuesta está en la reproducción: un rasgo puede extenderse si favorece el éxito reproductivo, aunque no mejore otras capacidades. Darwin desarrolló esa idea, la selección sexual, en su libro de 1871 sobre el origen del ser humano.
Y hasta el coste que parece evidente hay que medirlo. En 2014, Graham Askew comparó el despegue de pavos reales con su cola ornamental y después de retirarla, y no encontró que la cola empeorara su rendimiento. La intuición también se equivoca cuando lleva prismáticos, y una historia sobre un ave no sustituye a los datos sobre humanos.
Ni regla áurea ni canon eterno
La proporción áurea, aproximadamente 1,618, es una relación matemática real. El problema llega cuando se vende como fórmula universal para puntuar caras. Un estudio de fotos de ganadoras de Miss Universo y Miss Universo Tailandia encontró muchas proporciones que no encajaban con ese patrón.
Los cánones, además, cambian. La piel pálida se asoció durante mucho tiempo con no trabajar al aire libre, y un análisis de Vogue y Harper’s Bazaar encontró que en 1928 y 1929 aumentaron los artículos y anuncios que presentaban el bronceado como deseable. La colección del Museo Nacional de Historia Estadounidense guarda productos para aclarar la piel, algunos con mercurio, arsénico o plomo. En Japón, ennegrecerse los dientes, el ohaguro, fue costumbre de la aristocracia cortesana y, en el periodo Edo, de las mujeres casadas de todas las clases. La piel y los dientes no habían cambiado de biología; había cambiado la historia que otros leían en ellos.
Cuando una cara cambia el juicio
En 1972, Karen Dion, Ellen Berscheid y Elaine Walster publicaron un estudio titulado «Lo que es bello es bueno». Mostraba cómo el atractivo influía en las cualidades que se atribuían a desconocidos: el efecto halo. No demostraba que las personas atractivas fueran mejores, sino cómo las imaginamos. Ese mismo año, Dion estudió cómo se juzgaban las travesuras de niños según su foto: si el niño era atractivo, una falta grave se interpretaba menos como señal de una maldad duradera, aunque el castigo recomendado no cambiaba.
En juicios simulados, los resultados dependen del contexto. En un experimento sobre una estafa de cita a ciegas, las participantes declararon culpables con más frecuencia a los acusados atractivos, y ese efecto solo apareció cuando sus caras parecían poco fiables. Conocer el efecto halo no te vacuna; ayuda decidir antes qué quieres evaluar.
Una canción, una cartela y una cara que aprendes a mirar
La belleza no es solo cosa de rostros. Valorie Salimpoor y sus colaboradores encontraron liberación de dopamina en el estriado de personas que sentían una emoción intensa con la música, con diferencias entre la anticipación y el momento cumbre. Tomohiro Ishizu y Semir Zeki estudiaron en 2011 a 21 participantes con resonancia funcional y vieron que la belleza de pinturas y de piezas musicales se relacionaba con actividad en la corteza orbitofrontal medial. No es un botón de la belleza, pero conecta experiencias que llegan por sentidos distintos, algo que el detector de genes no explica.
El contexto también pesa. Ulrich Kirk y sus colaboradores etiquetaron al azar las mismas obras como procedentes de una galería o generadas por ordenador, y las de «galería» recibieron mejores valoraciones estéticas.
Y una persona puede parecerte más atractiva después de conocerla. Kevin Kniffin y David Sloan Wilson observaron, en grupos como un equipo deportivo universitario o un curso de excavación arqueológica, que el atractivo atribuido se relacionaba con lo mucho que alguien caía bien, era respetado o contribuía al grupo. Y Natalia Kononov y Danit Ein-Gar mostraron que las personas descritas como prosociales eran juzgadas más bellas sin tocar sus facciones. Ojo: ser buena persona no es una tarea para que todos te encuentren bello, y tampoco hace falta para merecer un trato digno.
Volver a elegir
Volvamos a las fotos del principio: alguien elegía, recibía una imagen cambiada y la justificaba sin notar el intercambio. Cuando pienses «esta cara me gusta», puedes conservar el placer de esa impresión y recordar todo lo que deja fuera: la distancia de la foto, la versión a la que estás acostumbrado, lo que acabas de ver, lo que sabes de esa persona. Y si una cara querida te parece bellísima mientras otro no entiende qué le ves, no necesitas una regla para defenderla. Tienes todo el recorrido, con sus experimentos, en el vídeo completo de Ciencias de la Ciencia.
Fuentes
- Petter Johansson et al., «Failure to detect mismatches between intention and outcome in a simple decision task», Science, 2005
- Janine Willis y Alexander Todorov, «First impressions: making up your mind after a 100-ms exposure to a face», Psychological Science, 2006
- Theodore H. Mita, Marshall Dermer y Jeffrey Knight, «Reversed facial images and the mere-exposure hypothesis», Journal of Personality and Social Psychology, 1977 (ficha bibliográfica)
- Brittany Ward et al., «Nasal Distortion in Short-Distance Photographs: The Selfie Effect», JAMA Facial Plastic Surgery, 2018
- Judith H. Langlois y Lori A. Roggman, «Attractive Faces Are Only Average», Psychological Science, 1990
- David Perrett, Keith May y Shigeru Yoshikawa, «Facial shape and judgements of female attractiveness», Nature, 1994
- Adam Rubenstein, Lisa Kalakanis y Judith Langlois, «Infant preferences for attractive faces: a cognitive explanation», Developmental Psychology, 1999
- Laura Germine et al., «Individual Aesthetic Preferences for Faces Are Shaped Mostly by Environments, Not Genes», Current Biology, 2015
- Karel Kleisner et al., «Distinctiveness and femininity, rather than symmetry and masculinity, affect facial attractiveness across the world», Evolution and Human Behavior, 2024 (resumen en HRAF, Yale)
- Gillian Rhodes et al., «Fitting the mind to the world: face adaptation and attractiveness aftereffects», Psychological Science, 2003
- Yong Zhi Foo, Leigh Simmons y Gillian Rhodes, «Predictors of facial attractiveness and health in humans», Scientific Reports, 2017
- Summer Mengelkoch et al., «More than just a pretty face? The relationship between immune function and perceived facial attractiveness», Proceedings of the Royal Society B, 2022
- «Attractive and healthy-looking male faces do not show higher immunoreactivity», Scientific Reports, 2022 (estudio con vacunación)
- Darwin Correspondence Project, carta de Charles Darwin a Asa Gray, 3 de abril de 1860
- Graham N. Askew, «The elaborate plumage in peacocks is not such a drag», Journal of Experimental Biology, 2014
- «What Is the Most Beautiful Facial Proportion in the 21st Century? Comparative Study among Miss Universe, Miss Universe Thailand, Neoclassical Canons, and Facial Golden Ratios», Plastic and Reconstructive Surgery Global Open, 2019
- «Changes in skin tanning attitudes: fashion articles and advertisements in the early 20th century», American Journal of Public Health, 2009
- Smithsonian Institution, «Skin Care», colección de cosméticos del National Museum of American History
- Museo del Diente, Asociación Dental de Kanagawa, «Did all women have their teeth blackening in the Edo period?»
- Karen Dion, Ellen Berscheid y Elaine Walster, «What is beautiful is good», Journal of Personality and Social Psychology, 1972
- Karen Dion, «Physical attractiveness and evaluation of children's transgressions», Journal of Personality and Social Psychology, 1972
- «Effects of Male Defendants' Attractiveness and Trustworthiness on Simulated Judicial Decisions in Two Different Swindles», Frontiers in Psychology, 2019
- Valorie Salimpoor et al., «Anatomically distinct dopamine release during anticipation and experience of peak emotion to music», Nature Neuroscience, 2011
- Tomohiro Ishizu y Semir Zeki, «Toward a brain-based theory of beauty», PLoS ONE, 2011
- Ulrich Kirk et al., «Modulation of aesthetic value by semantic context: an fMRI study», NeuroImage, 2009
- University of Wisconsin, Madison News, «Physical beauty involves more than good looks» (Kniffin y Wilson, 2004)
- Natalia Kononov y Danit Ein-Gar, «Prosocial behaviour enhances evaluation of physical beauty», British Journal of Social Psychology, 2025 (en línea 2024)



