La historia del beso: de la Prehistoria a los emojis
De los Amantes de Ain Sajri a las tablillas mesopotámicas, el beso de Judas, los cuatro besos franceses y el cine: miles de años de un gesto universal.
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¿Sabías que el simple gesto de juntar los labios con otra persona tiene una historia de más de 10.000 años? Hoy lo damos por hecho, pero el beso ha sido mucho más que una muestra de cariño. Ha sellado pactos, expresado pasiones, traicionado amistades y hasta inspirado el arte.
Es un tema que parece trivial, pero está profundamente arraigado en nuestra biología, nuestra cultura y nuestra historia. ¿Quién fue el primero en juntar sus labios con los de otra persona? ¿Y por qué algunas culturas no lo hacían hasta que conocieron a los europeos?
Abróchate el cinturón, porque nos vamos de viaje, un viaje curiosísimo y, por qué no decirlo, un tanto romántico, desde sus orígenes prehistóricos hasta el beso convertido en emoji.
Un origen entre la biología y la costumbre
Imagina un grupo de humanos prehistóricos alrededor del fuego tras un largo día de caza. Uno de ellos, por pura curiosidad, acerca sus labios a los de otro. ¿Fue ese el primer beso? O quizá el origen fue más práctico: las madres premasticaban los alimentos para sus bebés, transmitiendo nutrientes y cariño en un gesto que, con el tiempo, pudo evolucionar hacia el beso.
Además, el beso no es exclusivo de los humanos. Los bonobos, nuestros primos cercanos, lo usan para reconciliarse después de una pelea, y otras especies, como perros y gatos, muestran comportamientos parecidos, aunque no iguales. Y en internet abundan los vídeos de animales «besándose», como unos osos polares en un zoo. Ya se sabe, los osos son muy amorosos.
Algunos científicos creen que besar es algo instintivo, grabado en los genes: un estudio de la Universidad de Oxford de 2025 propone que el beso apareció en el ancestro común de los grandes simios hace unos 21 millones de años. Otros, que es un comportamiento aprendido a partir de prácticas como la alimentación boca a boca. En cualquier caso, está muy arraigado en nuestra evolución.
Los primeros besos documentados
El ejemplo más antiguo es la figura conocida como los Amantes de Ain Sajri, esculpida hace unos 11.000 años y hallada en el desierto de Judea. Se conserva, como no, en el Museo Británico de Londres. Muestra a dos figuras abrazadas, cara a cara, con los labios aparentemente juntos. No podemos asegurarlo, pero es un testimonio poderoso del afecto en la prehistoria.
Los primeros besos documentados por escrito nos llevan a la antigua Mesopotamia, hace unos 4.500 años. Según un estudio publicado en Science por investigadores de las universidades de Copenhague y Oxford, el beso ya formaba parte de la intimidad romántica, pero también de la amistad y las relaciones familiares. Aparece en tablillas de arcilla, y pudo tener un papel involuntario en la transmisión del herpes simple tipo 1: los textos médicos de la época mencionan síntomas que podrían estar relacionados con este virus, aunque descritos desde las creencias culturales y religiosas de entonces.
Allí, entre el Éufrates y el Tigris, el beso tenía muchos usos, y también se suele atribuir al beso un papel en la devoción religiosa, un gesto que siglos después adoptarían los cristianos al besar reliquias y cruces. En la India, algunos textos védicos, de una tradición que se remonta a unos 3.500 años, parecen hablar ya de besos.
Una costumbre que no es universal
No todas las culturas besan. Un estudio antropológico de 2015 sobre 168 culturas concluyó que el beso romántico y sexual no es universal: en muchas comunidades fue una curiosidad introducida desde fuera, y el afecto se mostraba de otras formas, como frotando narices o incluso oliéndose.
Y donde se besa, las variaciones son curiosísimas. En España, Italia y Grecia se suelen dar dos besos, aunque cada país tiene sus manías sobre por qué mejilla empezar. Francia lleva el asunto al extremo: hay incluso mapas que recogen las diferencias por zonas. En unos sitios, como el norte del Finisterre, basta un beso; en otros se dan dos o tres, y en zonas del norte del país, cuatro. Sí, sí, cuatro. Saludar en Francia es un ejercicio de adaptación geográfica. En los Países Bajos también es habitual un tercer beso alternando mejillas. En cambio, en países como China, Japón o Irán, besarse en público está mal visto o incluso puede sancionarse.
Religión, jerarquía y pactos
¿Sabías que el primer beso que aparece en la Biblia no es de amor, sino una treta? Jacob engañó a su padre Isaac con un beso para obtener su bendición. Y, cómo no, está el famosísimo beso de Judas. Pero en el Cantar de los Cantares el beso es deseo puro: «Que me bese con los besos de su boca».
En la antigua Persia, según documentó Heródoto, los hombres se besaban en la boca como saludo si eran iguales en rango; si uno era superior, el beso se daba en la mejilla. El beso marcaba jerarquías.
En la India, el Mahabharata, un poema épico de hace más de 2.000 años, se suele citar entre las primeras referencias literarias a besos entre amantes. Y más tarde el Kama Sutra dedicaría todo un capítulo a las distintas formas de besar. ¿Lo has leído?
En la antigua Roma el beso era muy común y tenía distintos nombres según su propósito: osculum, basium y suavium. Pero también estaba regulado: el rango de cada ciudadano determinaba en qué parte del cuerpo, de la mejilla al pie, podía besar al emperador.
En la Edad Media el beso se volvió político. Los vasallos besaban el manto del rey o el anillo del papa en señal de lealtad, los pactos se sellaban con un beso y los cristianos se saludaban con el «beso santo». Un mundo en el que los acuerdos no se cerraban con un apretón de manos, sino con un beso.
En la América prehispánica el significado era otro. Entre los aztecas, besar la mano o los pies de los líderes políticos y religiosos era una muestra de respeto y sumisión, y en la época colonial el beso en la mano pasó a expresar lealtad hacia obispos y sacerdotes. Entre los mayas, según se suele contar a partir de estudios yucatecos, el beso como gesto afectivo no existía y lo conocieron a través de los españoles, como acto de sumisión o veneración; incluso se dice que en maya se recurrió a una palabra que significaba chupar.
Del Renacimiento al Romanticismo
En el Renacimiento, el arte y la literatura elevaron el beso a símbolo del amor romántico, y empezó a normalizarse besarse en público, al principio solo entre familiares. Petrarca y Shakespeare llenaron sus versos de besos ardientes. En las cortes europeas, el beso en la mano o en la mejilla era pura etiqueta y diplomacia: en Francia, por ejemplo, se esperaba que un caballero besara la mano de una dama.
Con el Romanticismo, en los siglos XVIII y XIX, el beso alcanzó su apogeo como máxima expresión de la conexión emocional. Pintores como Francesco Hayez lo inmortalizaron en su famoso El beso (1859), que hoy cuelga en la Pinacoteca de Brera, en Milán. Aunque no en todas partes era bien recibido: en la Inglaterra victoriana, un beso en público podía escandalizar a toda la sociedad.
Mientras, en Japón el afecto se expresaba con inclinaciones ceremoniales o toques en los hombros, y en lugar de besos, en Oceanía o en África había gestos como el «beso de nariz», que en la cultura maorí se llama hongi y consiste en presionar nariz con nariz como saludo ceremonial. En las regiones árticas existe el llamado beso esquimal, frotando las narices, un gesto en el que se dice que también se huelen las mejillas.
El beso en la gran pantalla
En el siglo XX, el cine y la televisión llevaron el beso a la era moderna. Lo que el viento se llevó y Casablanca crearon escenas icónicas. ¿Quién no recuerda a Rhett Butler y Escarlata O’Hara, Clark Gable y Vivien Leigh, en aquel beso cargado de orgullo, deseo y drama? Esa película tiene un lugar especial en mi corazón porque la vi mil veces con mi abuela Memé. Humphrey Bogart y Lauren Bacall hicieron suspirar a las salas en blanco y negro, y más recientemente el beso de Tobey Maguire como Spider-Man a Mary Jane bajo la lluvia se convirtió en un icono moderno. Desde las telenovelas hasta Marvel, el beso es el clímax emocional de muchas historias.
La ciencia del beso
La filematología, que así se llama el estudio del beso, ha analizado sus efectos. Los experimentos han medido cómo cambian con el beso hormonas como la oxitocina, la llamada hormona del amor, y el cortisol, la del estrés, que tiende a bajar. Al besar se activan decenas de músculos, y los labios están llenos de terminaciones nerviosas. Así que, curiosos y curiosas: menos gimnasio y más besos.
También tiene riesgos, como la mononucleosis, apodada «la enfermedad del beso», o el herpes simple. En cambio, el VIH no se transmite por la saliva, y solo en casos rarísimos, con llagas o encías sangrantes en ambas personas, se ha transmitido con un beso profundo. Y los dos años de pandemia pusieron en pausa los besos de saludo, sustituidos por codos y gestos a distancia.
Del gesto físico al emoji
Gracias a la globalización y los medios, el beso se ha extendido incluso a culturas donde antes era poco común, aunque en países como Arabia Saudí o Irán las muestras de afecto en público pueden sancionarse. Y en el siglo XXI se ha vuelto digital: emojis, GIF y memes han convertido el beso en un símbolo que cruza cualquier frontera.
Desde los bonobos que se reconcilian hasta los emoticonos del móvil, el beso es un lenguaje universal capaz de transmitir amor, deseo, respeto, amistad, traición y hasta magia. La próxima vez que des uno, recuerda que formas parte de una tradición milenaria. Te lo cuento con imágenes en el vídeo completo de Historias de la Historia.
Fuentes
- Troels Pank Arbøll y Sophie Lund Rasmussen, *The ancient history of kissing*, Science, vol. 380, 2023
- Universidad de Copenhague, *Det første dokumenterede kys fandt sted i Mellemøsten for 4.500 år siden*, 2023
- Universidad de Oxford, *Ape ancestors and Neanderthals likely kissed, new analysis finds*, 2025
- British Museum, *Ain Sakhri lovers* (ficha de colección, museo n.º 1958,1007.1)
- William Jankowiak, Shelly L. Volsche y Justin R. Garcia, *Is the romantic-sexual kiss a near human universal?*, American Anthropologist, 2015 (ficha en HRAF, Universidad de Yale)
- Neel Burton, *The History of Kissing*, Psychology Today
- Heródoto, *Historia*, libro I, 134 (trad. G. C. Macaulay), Project Gutenberg
- *Génesis* 27, Nova Vulgata, Santa Sede
- *Cantar de los Cantares* 1, Nova Vulgata, Santa Sede
- Encyclopaedia Britannica, *Mahabharata*
- Wendy Doniger, *Kamasutra*, Encyclopaedia Britannica
- Federico Giannini e Ilaria Baratta, *El Beso de Francesco Hayez: ¿cuántas y cuáles son las versiones?*, Finestre sull'Arte, 2017
- Slate.fr, *Et vous, comment faites-vous la bise?* (mapa de bises en Francia, Bélgica y Suiza)
- Te Ara, Encyclopedia of New Zealand, *Māori manners and social behaviour: welcome and hospitality*
- NPR, Science Friday, *The Science of Kissing* (entrevista a Sheril Kirshenbaum), 2011
- Centers for Disease Control and Prevention (CDC), *About Infectious Mononucleosis*
- Centers for Disease Control and Prevention (CDC), *How HIV Spreads*



