La ciencia de los sueños: el cine que tu cerebro proyecta cada noche
Dormir no es apagarse. Del descubrimiento del sueño REM a las señales enviadas desde un sueño lúcido: lo que sabemos y lo que aún no sobre por qué soñamos.
El vídeo se carga desde YouTube al pulsar. Duración: 30 min.
Esta noche, como cada noche, vas a hacer algo asombroso y lo vas a llamar «descansar». Te tumbarás, cerrarás los ojos y, en varios momentos, sin decidirlo, entrarás en una fase en la que el tono de gran parte de tus músculos caerá casi por completo. No te apagas entero: el diafragma sigue respirando, los ojos se mueven y todo ocurre en episodios repartidos por la noche. Pero brazos, piernas y tronco quedan temporalmente inhibidos.
Mientras tanto, tu cerebro reducirá muchísimo su respuesta al entorno. Seguirá vigilando a medias (por eso te despierta el llanto de un bebé o una alarma, y estudios recientes muestran que a veces integra fugazmente una palabra o un sonido sin despertarte) y construirá una experiencia nueva con recuerdos, emociones, expectativas y fragmentos de lo vivido. Verás a personas que ya no están y no te extrañará. Volarás. Tu antiguo colegio será a la vez la casa de tu abuela y un aeropuerto. Y por la mañana dirás que has dormido bien.
Dormir no es apagarse: es cambiar de estado. Y aunque soñar comparte algunos rasgos con la alucinación, no es volverse loco ni sufrir una psicosis. Es un estado fisiológico normal, reversible y delimitado por el propio sueño.
Dormir no es un único estado
A lo largo de la noche atraviesas ciclos que combinan dos grandes tipos de sueño: el NREM, sin movimientos oculares rápidos, y el REM, con ellos. Cada ciclo dura en promedio hora y media, aunque varía, y se repite varias veces. En las primeras horas predomina el sueño profundo NREM, ese del que cuesta despertar; hacia el amanecer los periodos REM se alargan. Por eso solemos recordar los sueños de la última parte de la noche.
Quédate con esto: soñar no es lo mismo que estar en REM. Se sueña sobre todo en REM, pero también en NREM, donde los sueños suelen ser más cortos y difusos. Y dormir hace muchísimo más que soñar.
El descubrimiento del sueño paradójico
Durante mucho tiempo se pensó que dormir era un apagón pasivo. Todo cambió en 1953, cuando Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman, en la Universidad de Chicago, describieron periodos de movimientos oculares rápidos que reaparecían varias veces cada noche, con una actividad cerebral sorprendentemente alta. La historia de que Aserinsky empezó observando a su hijo es real, pero el hallazgo fue de los dos. En 1957, William Dement y Kleitman ayudaron a consolidar la relación entre esa fase y el soñar, y en 1959 el francés Michel Jouvet desarrolló la fisiología de lo que llamó sueño paradójico.
¿Por qué paradójico? Porque el cerebro está muy activo, con un EEG más parecido al de la vigilia que al del sueño profundo, mientras gran parte de la musculatura cae al mínimo. Eso sí, el REM no es vigilia: tiene fisiología propia, con mucha acetilcolina y una corteza prefrontal relativamente menos activa. La atonía la generan circuitos del tronco encefálico, y una de sus consecuencias protectoras es que dificulta que representemos lo que soñamos. Si sueñas que corres y tu cuerpo te hiciera caso, te levantarías a hacerlo dormido.
Cuando la noche se desordena
Sonambulismo, terrores nocturnos, pesadillas y actuar un sueño parecen lo mismo, pero ocurren en estados cerebrales distintos. En el trastorno de conducta del sueño REM (RBD), el sistema que inhibe el cuerpo falla y la persona puede hablar, gritar, dar manotazos o patadas, a veces con riesgo de lesionarse o de lesionar a su pareja. El sonambulismo, en cambio, aparece en el sueño profundo NREM, en la primera parte de la noche. Los terrores nocturnos también son NREM: la persona grita, parece aterrorizada y al despertar no suele recordar nada. La pesadilla es un sueño REM muy desagradable del que te despiertas con un recuerdo claro.
El RBD tiene una cara médica importante. Cuando aparece en adultos sin causa evidente, es uno de los marcadores clínicos más fuertes que conocemos de futuras enfermedades ligadas a una proteína, la alfa-sinucleína, como el párkinson o la demencia con cuerpos de Lewy, que pueden manifestarse años después. No es una sentencia: es un riesgo alto a lo largo de los años, no una certeza. Un patrón repetido de actuar los sueños conviene evaluarlo bien, con historia clínica, a poder ser con un testigo y, cuando se busca el diagnóstico, con polisomnografía.
¿Te has despertado alguna vez sin poder moverte, consciente, a veces con peso en el pecho o la sensación de una presencia? Es la parálisis del sueño: recuperas la consciencia antes de que desaparezca del todo la atonía del REM. Probablemente ha contribuido a muchas historias de brujas, íncubos y visitantes nocturnos. Según una conocida revisión, en torno al 7,6 % de la población general ha tenido al menos un episodio. Suele durar desde unos segundos hasta unos minutos, se pasa sola y aparece más cuando dormimos poco, con horarios desordenados o boca arriba. Saber que es frecuente y benigna reduce muchísimo el miedo.
Un mensaje desde dentro de un sueño
El gran problema de estudiar los sueños siempre fue que solo podías preguntar al despertar, y ese recuerdo es frágil. Nadie podía comunicarse con alguien mientras soñaba: está dormido y con atonía. Salvo por un detalle: los ojos, a los que la inhibición del REM no afecta igual.
En 1975, el psicólogo británico Keith Hearne, trabajando con el soñador Alan Worsley, registró por primera vez una señal ocular acordada durante un sueño lúcido verificado. Poco después, Stephen LaBerge, en la Universidad de Stanford, llegó de forma independiente a un método semejante, lo publicó en 1981 y consolidó el campo. Ambos merecen el crédito.
Funciona así: se trabaja con soñadores lúcidos, personas capaces de darse cuenta dentro del sueño de que están soñando. Antes de dormir pactan una señal: izquierda, derecha, izquierda, derecha. Y en pleno REM, con el cuerpo inhibido, las máquinas registran exactamente ese patrón. No era una conversación, pero sí una señal voluntaria y verificable enviada desde dentro de un sueño. Permitió incluso medir cuánto dura una acción soñada: contar en sueños lleva un tiempo parecido al real, aunque las acciones físicas soñadas suelen durar algo más.
En 2021, el equipo de Konkoly y varios laboratorios independientes fueron más allá. En condiciones muy controladas hicieron preguntas sencillas a personas que estaban soñando, incluso operaciones matemáticas sencillas, y algunos soñadores lograron responder con movimientos oculares o pequeñas contracciones faciales. Un intercambio mínimo, no leer películas en una pantalla cerebral. Y un matiz fino: un sueño no lúcido ya contiene experiencia consciente; la lucidez añade la capa de saber que estás soñando.
Por qué los olvidamos
Te despiertas seguro de haber vivido una historia larguísima y en segundos se te escurre. Durante el REM cambia la química del cerebro (bajan la noradrenalina y la serotonina, la acetilcolina se comporta distinto) y ciertas zonas prefrontales están menos activas. Ese estado, sumado al cambio brusco al despertar, dificulta que muchos sueños se consoliden como recuerdos. Pero no hay una grabadora que se apague a propósito ni un cronómetro igual para todos: un sueño puede recordarse minutos, horas o años. Son recuerdos frágiles que se pierden si diriges la atención a otra cosa. Por eso quien quiere recordarlos los anota nada más abrir los ojos. Es entrenamiento.
Dormir y soñar no son la misma pregunta
¿Para qué sirve dormir? Eso está muy bien demostrado: mientras duermes, distintas fases participan en la consolidación de la memoria, el aprendizaje, la regulación metabólica, la inmunidad, la atención y el equilibrio emocional. Y la consolidación de la memoria parece necesitar tanto el sueño NREM como el REM, no solo el REM.
¿Para qué sirven los sueños como historias? Eso es mucho más incierto. Que el sueño haga ese mantenimiento no demuestra que lo haga el contenido de lo que sueñas. Sabemos que el cine está abierto y que en el edificio se hace un mantenimiento crucial; lo que no sabemos es si la película arregla el edificio o solo se proyecta mientras se arregla. Además, casi todo lo que sabemos se apoya en despertar a la gente y pedirle que cuente lo que recuerda. Es como estudiar una película preguntando al espectador a la salida, y encima con prisa.
¿Y por qué son tan absurdos? La hipótesis de activación y síntesis, de Hobson y McCarley, proponía que el tronco encefálico genera señales y la corteza teje con ellas una historia. Fue muy influyente, pero hoy se considera una pieza histórica: el contenido de los sueños se relaciona con tus recuerdos, preocupaciones y emociones, no es ruido. Crick y Mitchison sugirieron que soñamos para «desaprender» asociaciones inútiles. Revonsuo, que algunos sueños simulan amenazas para entrenarnos. Erik Hoel ha propuesto que evitarían una especie de sobreajuste, como los datos distorsionados que se usan al entrenar una inteligencia artificial. Todas son hipótesis. Ninguna cierra el caso. Y Freud pertenece a la historia de las ideas, no al manual científico actual.
El tercio de tu vida que no es tiempo muerto
¿Y si quitáramos los sueños? No es tan fácil: también se sueña en NREM, y privar a alguien solo de REM exige despertarlo una y otra vez, lo que fragmenta todo el sueño. Además, el cuerpo responde con un rebote REM en cuanto puede. Lo que sí sabemos es que dormir mal perjudica la atención, el aprendizaje y la consolidación de recuerdos. Hay una hipótesis preciosa según la cual el REM ayuda a rebajar la carga de los recuerdos emocionales, el famoso «consúltalo con la almohada», pero las pesadillas y los sueños postraumáticos demuestran que a veces el proceso se atasca.
¿Significan algo los sueños? Los diccionarios de sueños, con su código universal, son pseudociencia. Pero los sueños pueden reflejar de forma fragmentaria tus emociones y preocupaciones: una ventana parcial y borrosa. ¿Si mueres en un sueño, mueres de verdad? No, es un mito de patio de colegio. ¿Y cómo sabes que esto no es un sueño? No hay prueba absoluta, pero la vigilia es estable, continua y compartida con otros. Así que, casi seguro, esto es real. Casi.
Sabemos muchísimo sobre cómo soñamos y todavía poco sobre por qué el cerebro necesita inventarse un mundo cada noche. Esta noche, cuando empieces a desconectar, piensa que entras en la sala de cine más exclusiva que existe, donde eres el único espectador. En el vídeo completo te lo cuento todo con más detalle. Dale al play antes de que se te olvide, que ya sabes lo rápido que se borran los sueños.
Fuentes
- Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman, *Regularly occurring periods of eye motility, and concomitant phenomena, during sleep*, Science 118 (1953), reimpreso en J. Neuropsychiatry Clin. Neurosci., 2003
- American Academy of Sleep Medicine, *Michel Jouvet: Sleep research pioneer (1925, 2017)*, AASM, 2017
- National Institute of Neurological Disorders and Stroke (NIH), *Brain Basics: Understanding Sleep*
- Universidad de Wisconsin-Madison, *Research shows hot zone that's active during dreaming* (sobre Siclari, Tononi y otros, Nature Neuroscience), 2017
- Carlos H. Schenck y Mark W. Mahowald, *REM sleep behavior disorder: clinical, developmental, and neuroscience perspectives 16 years after its formal identification in SLEEP*, Sleep 25(2), 2002
- Matej Skorvanek y otros, *Accuracy of rating scales and clinical measures for screening of REM sleep behavior disorder and for predicting conversion to Parkinson's disease and other synucleinopathies*, Frontiers in Neurology, 2018
- Brian A. Sharpless, *A clinician's guide to recurrent isolated sleep paralysis*, Neuropsychiatric Disease and Treatment 12, 2016
- Penn State University, *Psychologists chase down sleep demons* (sobre Sharpless y Barber, Sleep Medicine Reviews), 2011
- Keith Hearne, *Lucid dreams: an electro-physiological and psychological study*, tesis doctoral, Universidad de Liverpool, 1978
- Keith Hearne, *Keith Hearne's Work on Lucid Dreaming*, Lucidity Letter 1(3), 1982
- Northwestern University, nota de prensa sobre Karen Konkoly, Ken Paller y otros, *Real-time dialogue between experimenters and dreamers during REM sleep*, Current Biology, 2021
- Daniel Erlacher, Melanie Schädlich, Tadas Stumbrys y Michael Schredl, *Time for actions in lucid dreams: effects of task modality, length, and complexity*, Frontiers in Psychology, 2014
- J. Allan Hobson y Robert W. McCarley, *The brain as a dream state generator: an activation-synthesis hypothesis of the dream process*, American Journal of Psychiatry, 1977
- Francis Crick y Graeme Mitchison, *The function of dream sleep*, Nature 304, 1983
- Antti Revonsuo, *The reinterpretation of dreams: an evolutionary hypothesis of the function of dreaming*, Behavioral and Brain Sciences 23(6), 2000
- Erik Hoel, *The overfitted brain: dreams evolved to assist generalization*, Patterns 2(5), 2021
- Chip Brown, *The Stubborn Scientist Who Unraveled a Mystery of the Night*, Smithsonian Magazine, 2003 (Aserinsky, su hijo Armond y el papel de Dement)
- Psychiatric News, *'53 REM Discovery Launched Study of Sleep Disorders, Treatment*, American Psychiatric Association, 2004 (Dement y Kleitman 1957, ciclos de unos 90 minutos, Jouvet 1959)
- Alan Worsley, *Alan Worsley's Work on Lucid Dreaming*, Lucidity Letter 10(1 y 2), 1991 (la técnica de señales oculares ideada con Hearne en 1975)
- Stephen LaBerge, Lynne Levitan, Matthew Gordon y William C. Dement, *Physiological Characteristics of Three Types of Lucid Dream*, Lucidity Letter 2(2), Universidad de Stanford, 1983 (cita su verificación por señales de 1981)
- Bahar Gholipour, *Why Can't We Remember Our Dreams?*, Live Science, 2018 (noradrenalina baja y acetilcolina en el REM, olvido de los sueños, diario de sueños)
- Yasmin Anwar, *Dream sleep takes sting out of painful memories*, Berkeley News, Universidad de California, 2011 (Walker y el REM como «terapia nocturna»)
- NHS Lothian, *Night terrors* (terrores nocturnos y sonambulismo en sueño profundo en la primera mitad de la noche; pesadillas en REM)



