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Historias de la Historia

La historia de las galletas María: de una boda imperial a tu desayuno

Una hija del zar, una galletera de Londres, una María quemada en un bombardeo y las galleteras de Aguilar de Campoo: la historia de tu desayuno.

El vídeo se carga desde YouTube al pulsar. Duración: 21 min.

Por JJ Priego · 26 de octubre de 2026

Antes de mojar una galleta María, fíjate en el nombre. ¿Quién era esa mujer? ¿Por qué seguimos leyéndolo en el desayuno tanto tiempo después?

La respuesta empieza con una boda, pero el recorrido nos lleva mucho más lejos: a una galleta conservada después de un bombardeo, a un físico que cronometraba cómo se mojaban y a un pueblo que salió a la calle por su fábrica. Y quizá acabes recordando a alguien, porque una María puede parecer poca cosa hasta que piensas quién te la daba de pequeño, en qué taza la mojabas o qué postre se preparaba en tu casa.

Antes de la María: galletas para aguantar

Durante siglos, quienes abastecían barcos necesitaron alimentos capaces de resistir largas travesías. Entre ellos estaban las galletas de barco, masas horneadas y secadas que duraban mucho si se conservaban bien. El Museo Marítimo de Greenwich explica que se hacían con harina, agua y sal, y conserva piezas que permiten imaginar el resultado: eran poco apetecibles, y cuando llegaban a la boca del marinero podían estar mohosas, rancias o llenas de gorgojos.

La María pertenece a otro momento y responde a otra expectativa: acompañar una bebida con algo que apetezca comer. Para llegar a ella hay que avanzar hasta la industria británica del siglo XIX, cuando al fabricante ya no le basta con que el producto aguante: necesita que alguien quiera comprarlo otra vez. Y si tienes un negocio de té, ofrecer algo para acompañarlo es una idea bastante razonable.

Peek Frean, té y galletas en Bermondsey

En ese contexto aparece Peek Frean, fundada en Londres en 1857 y vinculada al barrio de Bermondsey. James Peek venía del comercio del té, y con él estaba George Hender Frean, pariente suyo por matrimonio. Después se sumó John Carr, de otra familia de fabricantes. La empresa existía antes que la María. Le faltaba una ocasión que le diera nombre, y esa ocasión llegó de una familia muy lejana a cualquier obrador.

La hija del zar

La María de las galletas era hija de un zar. Se llamaba María Aleksándrovna y el 23 de enero de 1874 se casó con Alfredo, hijo de la reina Victoria, en el Palacio de Invierno de San Petersburgo. Peek Frean creó una galleta vinculada a aquel matrimonio y la llamó Marie, por la novia.

Hay un detalle importante: conviene distinguir el enlace del lanzamiento comercial. Y el homenaje tampoco demuestra que la galleta se sirviera en el banquete. Lo que tenemos es una galleta conmemorativa que acabó convertida en producto cotidiano. Cuando lees María sobre esa superficie redonda, estás viendo el nombre de una mujer de la familia imperial rusa que sobrevive en algo tan corriente como una merienda.

La boda dejó también una imagen solemne: Nicholas Chevalier la pintó por encargo de la reina Victoria, que no había asistido. Hubo ceremonias ortodoxa y anglicana, en la capilla imperial del Palacio de Invierno. Mientras la corte guardaba el acontecimiento en un cuadro, el nombre de la novia empezaba una vida comercial propia.

Una galleta que se reconoce sin envoltorio

Mírala: una orla alrededor y un espacio central con el nombre. Puedes sacarla del paquete y seguir reconociéndola, y esa continuidad visual explica que llamemos Marías a galletas de fabricantes distintos. Pronto llegaron los competidores con sus propias versiones. El comprador aprendió a pedir una María sin necesidad de recordar la boda.

Mientras tanto, en España nacían empresas que acercarían las galletas a muchos hogares. En 1881 nació Fontaneda en Aguilar de Campoo (Palencia), lo que marca el comienzo de la empresa, no una prueba de que inventara la María. Gullón se fundó en la misma localidad en 1892.

En 1906 se rodó una película sobre la fábrica de Peek Frean en Bermondsey, A Visit to Peek Frean and Co’s Biscuit Works, que hoy se conserva en los archivos del Museo de Londres Docklands. Si puedes verla, fíjate en las manos: esas imágenes nos dejan ver también a quienes trabajaban dentro.

La María viaja por el mundo

En los años veinte, Fontaneda ya trabajaba como fábrica, y la María acabaría siendo su producto emblemático. En 1923, al otro lado del mundo, Morinaga empezó a vender Marie en Japón. El formato ya desbordaba su origen, con fabricación local y versiones propias: el nombre común no garantizaba recetas idénticas.

En 1935, Juan y Florencio Gómez Cuétara, procedentes de Cantabria, desarrollaron su actividad en México, una experiencia que continuaría después en España. El Atlántico se cruzaba en ambas direcciones.

La Guerra Civil terminó en 1939 y dio paso a una posguerra de escasez y hambre. Quizá hayas oído que las Marías triunfaron porque después de la guerra sobraba trigo. Esa explicación necesita pruebas que no tenemos. Lo documentado es un país con graves dificultades para alimentarse.

Una María quemada en una vitrina

Se cuenta que una galleta María quemada, encontrada tras un ataque aéreo de la Segunda Guerra Mundial, acabó en las colecciones de un museo británico. Quedó quemada, pero entera. No sabemos a quién pertenecía. Si la historia es cierta, es una María convertida en testimonio de un bombardeo.

La caja en la cocina y la fábrica detrás

En los años cincuenta la industria española amplió su oferta. Gullón sitúa en 1950 una etapa de diversificación que incluía Marías y tostadas, Cuétara sitúa en 1951 el arranque de su nueva etapa en España y Fontaneda acabó muy presente en la publicidad. Piensa en cómo la comías tú: flotando sobre unas natillas, mojada deprisa o esperando hasta ese instante peligroso en que parecía a punto de romperse. Triturada como base o humedecida para un postre, su sabor suave dejaba sitio a otros ingredientes.

Para que esa caja llegara a tu cocina, antes pasó por una fábrica. En Fontaneda, la plantilla era sobre todo femenina: mujeres que revisaban, colocaban y empaquetaban las galletas. En 1996 Fontaneda fue vendida a la multinacional británica United Biscuits. Para el consumidor, un cambio de dueño es casi invisible; para la plantilla puede alterarlo todo.

Por qué se rompe en el café

¿Por qué una María se rompe justo cuando intentas sacarla del café? El líquido penetra por los pequeños poros de la galleta por capilaridad, su estructura pierde resistencia y acaba cediendo bajo su propio peso. El físico Len Fisher estudió la inmersión de galletas con la física de la capilaridad y en 1999 publicó en Nature un texto sobre la atención que habían recibido sus experimentos. Ese enfoque no fija un tiempo válido para todas las Marías, pero explica el dilema: quieres que se ablande y necesitas retirarla mientras aguante. Fisher aprovechó el revuelo para mostrar cómo se puede explicar la ciencia de lo cotidiano.

Aguilar de Campoo defiende su fábrica

En 2002, United Biscuits anunció el cierre de la factoría de Fontaneda en Aguilar de Campoo. Trabajadores y vecinos se movilizaron, y la prensa documentó las protestas: estaban en juego los empleos y una actividad ligada a la identidad del pueblo. Ese mismo año las instalaciones pasaron al Grupo Siro, que se comprometió a mantener la plantilla, y la fábrica pasó a llamarse Horno de Galletas de Aguilar. En 2012 Siro cerró la antigua fábrica y trasladó a sus trabajadores a una nueva planta en la localidad.

Hoy Gullón sigue fabricando en Aguilar, y en medio mundo se venden Marías de fabricantes distintos. Cada producto tiene su receta, así que lo útil es leer la etiqueta. Y conviene separar el cariño de la nutrición: una galleta sigue siendo un dulce.

Las mujeres detrás de las Marías

Las galletas María llevan nombre de mujer, pero hubo muchas mujeres que nunca aparecieron en el paquete. En la fábrica de Fontaneda, las galleteras revisaban, colocaban y empaquetaban el producto. En 2026, Laura Sanz Corada, hija de una trabajadora, publicó Galleteras. La otra memoria de la galleta maría, que recupera la experiencia de aquellas mujeres a partir de sus recuerdos. Para quien las comía, eran la merienda; para quien las empaquetaba, trabajo y sustento.

Vuelve a mirar una María y piensa qué historia te viene primero: la del nombre o la de alguien que la ponía en tu mesa. Ese recuerdo merece su lugar junto a los documentos. Y si quieres ver la boda, la película de 1906 y la galleta quemada, te espero en el vídeo completo.

Fuentes